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Verdades que no mueren, periodismo combatiendo la censura

Revista Pantagruélica | Escrito por Ximena Peredo | 

PRÓLOGO

“Nuestros lectores, oyentes, telespectadores son personas muy justas, que reconocen enseguida la calidad de nuestro trabajo; saben que de ese nombre van a recibir un buen producto. Éste es el momento en que se convierte uno en un periodista estable.
No será nuestro director quien lo decida, sino nuestros lectores”.

Ryszard Kapuscinski, Los cínicos no sirven para este oficio.

En los últimos años en México se ha asumido con descaro la creencia de que la información es un gran negocio y no un derecho social. Hemos sido testigos, desde entonces, de la domesticación de muchos periodistas; si bien, no nos constan los millones de pesos con que les han comprado su silencio o sus bofos reportajes, sí nos consta la deuda que, en democracia, han adquirido. Su pluma cobarde apenas inyecta cinismo al papel y sus palabras anémicas se rompen contra el cristal del televisor. Aparecen en escena con ropas de cortesanos a rendir pleitesía a su rey, a quien, claro, sólo aperciben dulcemente. Aunque la realidad pide a gritos un ejercicio profesional al periodista, la mayoría se encuentra maquillando la nota para favorecer a su amo.

En días como estos, en los que el gobierno miente sistemáticamente, protegido por su “comando mediático”; en noches como éstas, en donde el golpeteo de los casquillos militares es augurio de violaciones y brutalidad, se extraña al periodismo de contexto, al que nombra los miedos y desenmascara a los culpables. La ausencia de periodismo independiente es síntoma de autoritarismo y censura, y éstos, a su vez, son síntomas de regímenes que no queremos revivir. El Premio Nacional de Periodismo en el renglón de investigación, que obtuviera Sanjuana Martínez en 2006, por su investigación sobre pederastia clerical, este año fue otorgado al autor de un reportaje sobre la especulación de tierras provocada por el club los Tuzos, el equipo de futbol de Pachuca, en el estado de Hidalgo. Siendo que el país enfrenta un quiebre social inabarcable: militarización, ejecuciones, desaparición de periodistas, alarmas ecológicas, el premio se entregó a un tema que hoy todos hemos olvidado. ¿Qué estará pasando con el periodismo mexicano, que parece ignorar la realidad?, ¿será que los propios reporteros se autorregulan, o será que el premio fue otorgado al reportaje de investigación menos incómodo para el Presidente? En cualquiera de los casos la situación es lamentable. Dicho por Sanjuana: el periodismo es crítica, lo demás es propaganda.

¿Qué estará pasando en el país, que en los últimos dos años, Sanjuana se ha quedado sin un espacio para publicar periódicamente su trabajo? Proceso, W Radio, Milenio. ¿Qué pasa en México que se le cierran los espacios a la periodista galardonada con el Premio Hispanoamericano de Periodismo Ortega y Gasset? ¿Nadie es profeta en su tierra, o es que estamos ante una periodista francamente incómoda para el sistema?

Verdades que no mueren: periodismo combatiendo la censuraes el más valioso libro de Sanjuana Martínez. Es el reconocimiento que sus lectoras ofrecen a su carrera. Estamos ante un ejercicio de reciprocidad conmovedor: de un lado está el arriesgado trabajo de la periodista, que entrega a la sociedad sus esfuerzos, su dolor, su fascinación; del otro lado, efectivamente, está la gente, que le responde. Ante las torres de mentiras y de infamias que se construyen todos los días desde el periodismo vulgar, a una voz profunda y brava, como la de Sanjuana, se le abraza como a una sobreviviente. Ryszard Kapuscinski nos dice que un periodista gana estabilidad cuando las audiencias lo identifican y esperan de él o de ella un buen producto. ¿Qué podríamos decir de una periodista a la que sus lectoras le editan un libro?

Producido por Alianza Feminista de Nuevo León, Verdades que no mueren: periodismo combatiendo la censura es el rescate de 65 artículos publicados por Sanjuana Martínez en su columna semanal Abocajarro, que fuera censurada luego de año y medio de publicarse en el diario Milenio, en Monterrey. La reacción de los lectores y lectoras de Sanjuana al cierre inexplicable de su columna dejó perplejos a muchos y sentó un precedente en la Ciudad: las lectoras y lectores no somos entes pasivos, ni vasos receptores. Todo lo contrario. Hasta las puertas del consorcio llegó un plantón ciudadano y por correo electrónico se circuló una acción urgente que instaba a cuestionar a la entonces directora editorial del diario, la salida de la periodista. De las reuniones ciudadanas convocadas a raíz de la desaparición de la columna, surgió la idea de editar este volumen, que es un esfuerzo financiado totalmente por ciudadanas feministas de Nuevo León.

Este libro contiene las primeras columnas de opinión de Sanjuana Martínez. Dedicada por completo al periodismo de investigación o a las entrevistas, Sanjuana no había incursionado en este género. Sin embargo, la destreza con que se maneja en cada una de estas entregas semanales, el magistral manejo de información y la amenidad con que desarrolla cada uno de sus temas nos sugiere que la autora se encuentra gozando esta nueva etapa de su carrera. Algunos de los textos aquí compilados se han convertido ya en clásicos para la sociedad regiomontana, porque como oriunda de Monterrey, Sanjuana destapa muchas de sus inéditas reflexiones entorno a la cultura local. Otros textos acompañarán por siempre a movimientos sociales y a defensores de derechos humanos; otros le pusieron nombre a nuestra indignación ante el uso de la política nacional y local para beneficio de privados; algunos más nos mostraron, generosos, a la autora con las puertas abiertas, vulnerándose ante sus lectores, escribiendo desde su corazón.

Verdades que no mueren… es también un homenaje ciudadano a estos más de 20 años de ejercicio profesional. Sólo Sanjuana sabrá lo que costó esconderse detrás de un muro por horas para sorprender al personaje con su grabadora; sólo ella sabe lo que es acusar de encubridor de pederastas al Cardenal primado de México Norberto Rivera Carrera, sólo ella sabe qué se siente empacar para partir rumbo a la guerra dejando en casa a sus amores; sólo ella sabe lo difícil que pudo ser defender a sus textos de la mutilación, de la congeladora o de la censura descarada. Tal vez por eso es que no todas las empresas le aguantan el paso a esta trotamundos, a la “lanzallamas”, como le apoda su gran amigo Joaquín Hurtado. La ardorosa entrega de Sanjuana al periodismo responde no sólo a una vocación ineludible, de entraña, sino a su convicción de que, cruzando la línea, estamos muchos esperando su trabajo. Sanjuana es una mujer de fe en la sociedad civil, eso la diferencia de muchos otros colegas. La periodista escribe conciente de los lectores y lectoras exigentes que la siguen, que no temen a la verdad descarnada, que no se cuecen al primer hervor; que son suspicaces, tienen sentido del humor y una tremenda capacidad para indignarse ante la injusticia. Pero su compromiso mayor se sume en los ojos desorbitados del palestino que mira en lo que fue su casa sólo cascajo y desolación; en la voz de Ernestina Ascencio Rosario que nunca pudo escuchar; en el silencio que sigue envenenando a tantas víctimas de pederastia. Ese doble compromiso, aunado a su talento y a su bondad de ser humano, la han llevado a cosechar no sólo premios nacionales e internacionles, sino el mayor de los prestigios, la cada vez más rara, legitimidad social.

Aunque la columna Abocajarro fue cerrada, las consecuencias culturales y políticas de su estancia entre nosotros permanecen. Esta es la trascendencia del periodismo valeroso, el que no sucumbe al día para terminar empacando pescados en el mercado o limpiando vidrios en las casas, el periodismo de Sanjuana Martínez se impone al paso del tiempo; supera cualquier intento de censura; sobrevive. La Asamblea de Feministas de Nuevo León resguarda este acervo y lo entrega a la comunidad, todo es un acto de fe.

Julio de 2008

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