Soy La Dueña

Una historia de poder y avaricia. El libro empieza con la trama que llevó a La Gaviota a convertirse en la novia y después en la esposa de Enrique Peña Nieto, una historia marcada por la ambición de poder y dinero. En las primeras páginas están los entresijos del plan para llevar a Peña Nieto al poder. Luego nos adentramos en las cloacas de la mayor televisora de América Latina. Las revelaciones de un ex trabajador de Televisa como Mario Lafontaine nos llevan a conocer las miserias, mezquindades y traiciones del mundo del espectáculo y los mecanismos utilizados para escalar posiciones en la intensa carrera artística de la pantalla chica. De allí pasamos a indagar los detalles de la vida de Angélica Rivera y sus inicios profesionales en Televisa. También lo que se esconde en la cuestionada “historia de amor” con Enrique Peña Nieto.
La riqueza ostentosa de la Primera Dama es motivo de investigación. Documentos y testimonios demuestran que la esposa de Peña Nieto disfruta usando dos departamentos en una lujosa urbanización. ¿Qué dicen sus vecinos? ¿Cómo es el lugar? ¿Cómo vive la familia Peña-rivera en la isla Key Biscayne? ¿Qué se esconde detrás de este escándalo sobre el patrimonio de la esposa del Presidente? ¿Cuántas propiedades tiene? ¿Existen prestanombres?
El supuesto “conflicto de interés” es analizado para establecer hasta dónde han llegado Angélica Rivera y su esposo al adquirir sus propiedades. La sombra de la corrupción aparece a lo largo de todo el libro, así como las consecuencias de las conductas inapropiadas que rozan la ilegalidad, conductas que dañan y lastiman la democracia y el Estado de derecho. ¿Hasta dónde han imperado en la pareja presidencial los intereses personales por encima de los intereses de todos los mexicanos? Los límites marcados por la ley para los servidores públicos han resultado insuficientes. La corrupción de la clase político es la constante. El robo al erario y el enriquecimiento ilícito se han convertido en noticia cotidiana sin consecuencia alguna. Las nuevas leyes anticorrupción han nacido con defectos de origen que no permiten plenamente la impartición de justicia en las altas esferas del Estado. Los discursos se quedan en el aire, las leyes solamente se aplican en papel. La simulación es la constante.

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En este recorrido por los excesos del poder político pasamos luego a la puesta en escena y su principal personaje: Virgilio Andrade Martínez, ex secretario de la Función Pública, cuya misión no declarada fue precisamente estructurar todo un montaje en torno a las figuras investigadas. ¡El investigado nombrando al investigador! Un investigador que terminó su encargo envuelto en un escándalo oscuro de violencia contra su pareja extramarital.
En esta ruta de investigación no podía faltar la extensa frivolidad mostrada por la Primera Dama en su estilo de vida. El costoso vestuario, la opulencia, las joyas y accesorios de diseñador, el ritmo enajenado de compras y placer que ella y sus hijas, hijastras e hijastro gozan sin el menor pudor. ¿Quién paga semejante tren de vida? ¿Cómo sostiene la familia presidencial su lujoso y frenético día a día?
Finalmente, el camino de estos años en el poder ha convertido a Angélica Rivera en una especie de espectro que aparece y desaparece sólo en ocasiones especiales como cónyuge en eventos y viajes internacionales. Con su pretencioso glamour ha querido formar parte de la realeza, pero se ha transformado en una reina consorte inconveniente para nuestra mancillada República.
La Gaviota, el factor televisivo de fama que le proporcionó un buen número de votos al candidato, se fue convirtiendo poco a poco en un problema para el Presidente. Primero fue utilizada, después excluida. Desde el gobierno han querido protegerla, resguardarla, o más bien ocultarla para contener la ira popular. Una estrategia ciertamente poco efectiva. La sombra de la corrupción la persigue. La duda sobre el origen de su fortuna, también. En la memoria colectiva va quedando la figura de una mujer que no supo ganarse el aprecio de los ciudadanos, una mujer pueril, superficial, que jamás mostró preocupación alguna por los problemas sociales de México, una mujer distante e indolente, una mujer movida por la ambición, el poder y la avaricia.

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