si-se-puede-aut-san-juana-martinez-ed-grijalvo-dni_MLM-O-59124793_9479-1

Si se puede: el movimiento de los hispanos que cambiará Estados Unidos

Sanjuana Martínez inició su carrera periodística en el Diario de Monterrey. La fidelidad a su profesión y el rigor con que la desarrolló le abrieron el camino a otras publicaciones de alcance nacional, como la revista Proceso. Desde su labor en esta revista ha podido realizar reportajes en muy diferentes partes del mundo, particularmente en aquellas donde el fenómeno migratorio se presenta con mayor fuerza, y tanto en los países expulsores como en los receptores de brazos: África y América Latina, Europa y Estados Unidos. Es autora de La cara oculta del Vaticano, y coautora del libro colectivo Voces de Babel. En Sí se puede deja ver todos esos tenues matices que sólo le es posible captar al periodista avezado y a cuya sensibilidad no escapan los aspectos más significativos de aquello que investiga. Con este libro en  el que se adentra en la maraña de tensiones que caracterizan la existencia de los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, Sanjuana Martínez se reafirma como una de las más destacadas mujeres periodistas que han hecho florecer en México el periodismo de investigación en las últimas décadas. 

El movimiento panhispano que recorre las calles de Estados Unidos es inédito. El despertar del “gigante dormido”. El surgimiento del mayor movimiento de derechos civiles registrado en la historia reciente de este país. Un colectivo tradicionalmente relegado, casi invisible, que de pronto se convierte en actor determinante del sistema económico y político. Fuerza productiva que a través de esta nueva lucha sin precedentes surge en una revuelta pacífica, en un desafío bastante claro: los 45 millones de hispanos existen y exigen derechos.

    Hace más de 40 años surgieron las grandes movilizaciones a favor de los derechos civiles de los negros estadounidenses descendientes de los esclavos africanos, a los que, para ser políticamente correctos, hay que llamar hoy afroamericanos. Algo parecido está sucediendo ahora con los latinos de Estados Unidos, pero en esta ocasión detrás del nuevo movimiento inmigrante no existe un líder nacional. La paternidad del movimiento se distribuye entre decenas de líderes comunitarios que durante décadas han dedicado su vida a la defensa de los “sin papeles”.

    Las multitudinarias marchas a nivel nacional contra la “Ley Sensenbrenner” arrancan en las comunidades hispanas que pueblan este país con más de 42 millones de inmigrantes de lengua española; una población que se niega a ser considerada como “ciudadanos de segunda clase”.

    El nuevo movimiento de inmigrantes hispanos resulta incómodo para una parte del sector empresarial y político del país, acostumbrada a mantener sometidos, explotados y calladitos a los latinos. El republicanismo, encabezado por el presidente George Bush, se ha mostrado en contra de una amnistía que beneficie a los más de 12 millones de indocumentados. Desde hace más de cinco años, el ejecutivo no ha hecho otra cosa que fomentar el sistema de explotación económica de los latinos. Las principales medidas impulsadas por Bush en torno a la inmigración condenan a los trabajadores hispanos a convertirse en ciudadanos “de segunda clase” frente a los estadounidenses. Sectores aún más reaccionarios del republicanismo impulsan incluso, a lo largo y ancho del país, medidas insólitas contra los inmigrantes para retirarles la asistencia pública o el derecho a caminar por la calle.

    Pero las últimas manifestaciones multitudinarias de hispanos no sólo han sorprendido a los republicanos, sino que los han asustado. Bush y sus aliados creían que iban a hacer pasar sin problemas su polémica propuesta republicana Sensenbrenner, que pretende la criminalización de los inmigrantes y la construcción de un muro en la frontera. Las marchas de los hispanos fueron como un jarro de agua fría lanzado a la cara de los republicanos. El despertar del “gigante dormido” ha sido contundente y decisivo, tanto que gracias a esa nueva acción cívica mayoritaria los representantes del pueblo en el senado y en la cámara baja están escuchando por primera vez el mensaje de los hispanos. Su mensaje es claro: “Hoy marchamos, mañana votamos.”

  La represión en manos del país más rico del mundo puede ser un instrumento poderoso, sobre todo si las autoridades se ven apoyadas por la opinión pública o, al menos, por el sector más conservador y activo. Sin embargo, la solidaridad es un arma tanto o más poderosa. Los hispanos, antes inhibidos o temerosos, dejan atrás sus ataduras y se unen. Ya no se avergüenzan de su origen y han comprendido que no necesitan olvidar el español para aprender el inglés.

    El presidente Bush ha respondido al activismo de los hispanos con el anuncio de la militarización de la frontera. Para muchos es la respuesta del republicanismo más conservador, y para otros simplemente es un efecto propagandístico ante las elecciones del mes de noviembre. Bush dice que busca cinco objetivos claros: “Primero, Estados Unidos debe asegurar sus fronteras. Esta es una responsabilidad básica de una nación soberana. También es un requisito urgente de nuestra seguridad nacional. Nuestro objetivo es directo: la frontera debe estar abierta al comercio y la inmigración legal, y cerrada a los inmigrantes ilegales, así como a los delincuentes, narcotraficantes y terroristas”. 

   La aportación de los migrantes hispanos a la economía de Estados Unidos supera los 200 mil millones de dólares anuales, y cualquier reforma que contemple la expulsión o contratación temporal de 12 millones de indocumentados alteraría sustancialmente el sistema productivo y financiero del país. Estudiosos y organismos especializados en migración realizan las anteriores estimaciones y advierten el impacto negativo que la economía estadounidense registraría en caso de eliminarse la mano de obra “ilegal” que sustenta a una parte de la estabilidad económica del país.

    “Si desapareciera la aportación de los inmigrantes, provocará un impacto enorme —dice en entrevista Edward Taylor, profesor de economía agrícola de la Universidad de California especializado en desarrollo económico, trabajo y mediciones macroeconómicas—. Sencillamente el sistema económico estadounidense que ahora conocemos cambiaría de manera drástica en perjuicio de todos.”

    En California —la cuarta potencia mundial en agricultura—, 91 por ciento de los trabajadores del campo son inmigrantes mexicanos, 80 por ciento de ellos ilícitos. Desde almendras, pistachos y uvas hasta naranjas y zanahorias, la actividad agrícola de California abastece al país. En huertos, invernaderos y viñedos se emplean cerca de 450 000 trabajadores, el 91 por ciento de los cuales son mexicanos.

    Son ellos los que limpian y atienden los restaurantes; los que cuidan a los niños, los que construyen las casas, los que preparan la comida rápida, los que cultivan las verduras, los que pagan impuestos federales sin recibir beneficios… sin ellos la economía estadounidense sufriría un grave impacto.

    El Servicio de Inmigración y Naturalización señala en un estudio reciente que los inmigrantes viven en 15 estados de este país, principalmente concentrados en Texas, Nueva York, Illinois, Florida y California, donde reside más de la tercera parte. “Mexicalifornia”, como la llaman algunos mexicanos, ofrecería un escenario desolador sin inmigrantes. Todo se colapsaría. Se moriría la economía de este estado. Tanto es el peso. Los estadounidenses quieren que los inmigrantes sigan haciendo los trabajos más duros: quieren que les cuiden a sus hijos, que les limpien sus casas, que les sirvan la comida; pero no quieren tratarlos como seres humanos. 

   El 16 de diciembre de 2005 se inició la mayor afrenta conocida hasta ahora contra los indocumentados. Ese día la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la “Ley Sensenbrenner” con 239 votos a favor y 182 en contra. El senador republicano, apoyado por el presidente George Bush, propone la criminalización de los inmigrantes indocumentados y la construcción de un muro de 1 123 kilómetros. La enmienda pretende la creación de una barda de acero al estilo de la construida en San Ysidro, California. El sueño de Sensenbrenner es construir dos cercas paralelas divididas por una carretera en la que circulen los policías de la Patrulla Fronteriza, reforzadas eléctricamente con alto voltaje, reflectores de tres metros, cámaras y sensores de acercamiento para detectar a todo aquel que se atreva a escalarlas.

    En octubre de 2001 el mismo Sensenbrenner introdujo la Ley Patriota, que suspende muchas de las libertades civiles de las que gozaban los ciudadanos y extranjeros que viven en Estados Unidos. El senador también es autor de una enmienda que en 2004 limitó la emisión de licencias de conducir a los indocumentados y endureció las leyes migratorias y se asilo. 

  Al atardecer, bajo el intenso frío del desierto, un grupo de cazadores bien pertrechados, fuertemente armados, acompañados de perros de presa que les muestran el camino olfateando entre la escasa vegetación, siguen las huellas de las próximas “piezas” que pretenden capturar. Las huellas rastreadas no corresponden a animales; son pisadas de seres humanos, en su mayoría de nacionalidad mexicana, cuyo primer encuentro con el sueño americano es el obstáculo insalvable que representan los grupos paramilitares estadounidenses xenófobos que vigilan permanentemente este lado de la frontera, convertido como consecuencia de su actividad impune, en el lugar mas peligroso de la línea que divide a México y Estados Unidos: un camino que arrancó la vida a más de 373 mexicanos el año pasado.

    Más peligrosos que las picaduras de los alacranes, más mortíferos que las víboras de cascabel, a veces tan letales como el frío o el calor extremos de esta región inhóspita, resultan los “cazainmigrantes”, quienes disfrutan de la protección de la policía del condado de Cochise y son alentados por la Patrulla Fronteriza, que acepta su generosa y altruista “ayuda”, gracias a la cual el año pasado ésta pudo deportar a 1 millón 160 395 personas. Los grupos paramilitares cuentan también con el apoyo de autoridades antiinmigrantes, como el actual gobernador de California, Arnold Schwarzenegger.

    Los grupos voluntarios civiles armados acechan sin descanso a lo que califican de “plaga mexicana”, para luego exhibirlos como trofeos. Son grupos de paramilitares que usurpan en medio del desierto las funciones de la autoridad, traspasan cercas, violan la propiedad privada de ranchos, recorren y ocupan terrenos federales, todo ello con el propósito de “aplicar su ley” a punta de pistola o de rifle y capturar a los extranjeros ilegales, al más puro estilo del Viejo Oeste.

    Estados Unidos es un país que ha cultivado el individualismo a ultranza; en el que, especialmente en las zonas rurales, se conserva como una seña de identidad inconfundible la cultura de la autosuficiencia, la autoayuda y la autodefensa, y en la que la propiedad privada es un derecho fundamental., al igual que el derecho inalienable de portar armas de fuego, garantizado por una enmienda constitucional. Un país en donde conocidos “periodistas” aseguran en los medios de comunicación masiva que los inmigrantes indocumentados “infringen la ley cada vez que respitran”, y en el que reputados intelectuales como el veterano profesor de Harvard Samuel Hungtinton previenen contra el peligro de los latinos para la preservación de la identidad estadounidense.

    A lo largo de 3 mil 200 kilómetros de frontera entre ambos países, miles de mexicanos pierden la vida. Más de 3 mil personas han muerto en la frontera durante la última década a consecuencia del desvío de los flujos migratorios provocado por la llamada Operación Guardián, que las autoridades estadounidenses han implementado a fin de evitar la entrada de indocumentados, algo que ha funcionado sólo en las zonas urbanas. El desierto inhóspito se ha convertido en un enorme colador de seres humanos, un camino fúnebre que los mexicanos cruzan a 45 grados centígrados y que en numerosas ocasiones significa la muerte. Algunos son abandonados por los polleros; otros se arriesgan a cruzar el desierto solos y se pierden en la yerma inmensidad, y otros más perecen ahogados o asesinados por las mafias del tráfico humano. 

 

 

Sí se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos; Sanjuana Martínez, Editorial Grijalbo, México, 2006. 243 páginas.                                                                                        22.09.06

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *