Pruebas de la connivencia del cura “Papi” y el gobierno

Gutiérrez Farías armó red de complicidades en Guanajuato

Durante años sacerdote cometió abusos en la Ciudad de los Niños

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Foto: Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 30 de julio de 2017, p. 7
Durante años fue un secreto a voces: empleados del DIF municipal y estatal, sicólogos, maestros, trabajadoras sociales, notarios, oficiales del registro civil, policías, agentes del Ministerio Público, autoridades, vecinos y periodistas conocían las irregularidades en el albergue Ciudad de los Niños de Salamanca, Guanajuato.

Las denuncias contra el fundador y director de esa casa hogar, el sacerdote Pedro Gutiérrez Farías, alias Papi, datan –por lo menos– de hace 14 años, según documentos obtenidos por La Jornada. El sacerdote estaba y está protegido, dicen. Entonces la consigna era: ver, escuchar y callar, según narran a este periódico un ex seminarista, un ex interno y una ex trabajadora del DIF Salamanca.

Un día, el menor José Luis Téllez Silva me platicó que durante la comida el ayudante le pidió que realizara los servicios de limpieza del comedor, y respondió que ya lo había hecho, entonces exigió a otro niño que trajera una vara, con la cual lo golpeó muy fuerte. El reporte de este abuso físico fue canalizado a la Procuraduría Auxiliar en Materia de Asistencia Social, cuenta Paola Campos, quien estaba a cargo de la coordinación del Programa de Desarrollo Integral para Menores Trabajadores y de Calle, del DIF Salamanca.

El certificado de lesiones fue emitido el primero de septiembre de 2003, por la doctora María Leticia Flores Vaca, del DIF Salamanca: “Paciente masculino de 15 años, quien acude por presentar contusiones en tórax posterior y brazo derecho, ocasionado el 30 de agosto de 2003 con un objeto de madera. Refiere haber recibido golpes en espalda y región de los glúteos…”

Este documento fue entregado a Guillermo Maldonado Hernández, director del Centro para la Atención de Violencia Intrafamiliar de Salamanca, según lo demuestra un oficio firmado y sellado por este funcionario el 8 de octubre de 2003, del cual La Jornada posee una copia.

Al cuidado de las niñas

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El menor lesionado contó que en la noche él y otros hacían guardia en el cuarto de las niñas para evitar que otros las tocaran. La maestra María Jennifer Gutiérrez Arroyo y la sicóloga del programa, Leticia Angélica Orpha Vargas, informaron a Paola Campos sobre algunos síntomas visibles que los menores mostraban sobre abusos.

Paola cuenta que denunció los hechos y rompió el cerco de silencio, para proteger a los menores, pero la red de complicidades no permitió el acceso a la justicia de las víctimas: “Con el tiempo nos dimos cuenta que había niños con esos síntomas, además de que sufrían de alguna discapacidad.

Alejandra, era retraída, con problemas en el habla; David tenía debilidad visual, y José Luis no estaba en un sistema escolar de su edad. Hace unos días hablé con un trabajador y me dijo que a él le consta que el sacerdote hacía tocamientos, porque él lo vio.

Poco a poco, varios funcionarios se fueron enterando de lo que allí pasaba: Alejandra nos dijo que estuvo embarazada, que allí tuvo a su hijo y que luego se lo quitaron y ya no lo volvió a ver. Dos trabajadoras más supieron de la existencia de ese bebé. Luego nos percatamos que había niños registrados con los apellidos del sacerdote Pedro Gutiérrez y de la monja Hortensia Jiménez Cruz.

Las actas de nacimiento ilegales fueron emitidas durante los pasados 15 años por la oficial del registro civil de Salamanca Centro, Maricela Amezola Zavala, madre de un adolescente y quien aún se desempeña en ese puesto y fue buscada para entrevista sobre este delito tipificado en el artículo 169 del Código Penal de Guanajuato, pero su asistente dijo que estaba de vacaciones.

Una de las actas de nacimiento del registro civil del gobierno de Guanajuato, cuya copia posee La Jornada, tiene el número de control 1173895, con la clave de identidad personal 11027010301470C de la Fiscalía número 1, libro número 8 y acta número 01470 de la localidad de Salamanca, y fue emitida el 16 de mayo de 2003 a Dexter Gutiérrez Jiménez, nacido el 21 de marzo de 1989. Los testigos fueron Rebeca Gutiérrez Gutiérrez, de 40 años, con domicilio en la calle Allende número 423, en Salamanca, y Miguel Zavala Alvarado, de 24 años, con domicilio en Ambiente número 160, en Aguascalientes, Aguascalientes. El acta está firmada por el sacerdote Gutiérrez Farías y la monja Jiménez Cruz.

En esta red de complicidades y protección al sacerdote Gutiérrez Farías también se incluye a Sonia Carlota Pérez Malpica, madre de dos niñas y titular de la notaria pública número 6 de Salamanca, quien desde hace años ha emitido las actas de ingreso donde los padres cedían la custodia y la patria potestad para siempre jamás en favor del sacerdote y la monja.

“Esto era un negocio, no era un albergue. Entre más niños tenían, más recursos llegaban. Con este modus operandi de registrar ilegalmente a los niños a su nombre impedían la opción de brindarles un hogar o familia a los menores a través de la adopción. Sin embargo, ahora sabemos que hay niños que terminaron en casas de políticos, funcionarios o sindicalistas, como Carlos Romero Deschamps, que seguramente a cambio aportaron dinero a la Ciudad de los Niños”, dice Paola Campos.

A pesar de la existencia de denuncias desde hace décadas, según los testimonios, ninguna persona ha sido citada a declarar por estos delitos. El gobernador panista de Guanajuato, Miguel Márquez Márquez, declaró que no han detenido al sacerdote porque no hay denuncias, y su vocero advirtió que no iban a fabricar culpables.

Ya era hora

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JJGA tenía 13 años cuando estuvo en la Ciudad de los Niños durante cuatro años. En ese tiempo fue víctima y testigo de los abusos que allí sucedían. Por eso afirma que todo lo expuesto por la juez novena Karla María Macías Lovera en su sentencia donde niega el amparo al sacerdote Pedro Gutiérrez Farías, es verdad.

El padre nos tocaba sin nuestro consentimiento. Yo le huía a su presencia y obviamente no era de los consentidos que traía de la mano y los llevaba a misas. Una vez me tocó ir con él en su coche y me ponía la mano en la entrepierna, la recargaba y me sentía bastante incómodo. Yo no podía hablar todo esto de los abusos sexuales, era muy penoso para mí, dice en entrevista con La Jornada.

Él confirma la existencia de Alejandra, quien resultó embarazada y cuyo bebé fue regalado o vendido: “Tenía capacidades distintas y se aprovechaban de ella. La dejamos de ver y nos dijeron que la mandaron al convento y allí solamente iba el padre Pedro. Después supe que fue violada, tuvo a su bebé y se lo quitaron. Me enteré de otras niñas que desaparecían cuando estaban embarzadas. Rosa María, de Huanímaro, Guanajuato, tuvo un hijo de Óscar, uno de los que están declarando en favor del padre. También supe de Karen, de Morelia; ella tuvo un bebé de Jaime, de Salamanca. Me consta que tuvieron a sus bebés. Allí se movía droga, había golpes, castigos…”

–¿Y a quién le dieron el bebé de Alejandra?

–Eso no se sabe. Después a ella la regresaron al albergue.

Finalmente, dice que decidió escaparse con un amigo cuando tenía 17 años: “La reacción del padre fue muy violenta. Nunca me imaginé que alguien que cometía abusos contra nosotros iba a actuar así. Me dijo: ya fuiste a que te la metieran. Eso es lo que te gusta. Luego tocó la campana y juntó a todos mis compañeros en el patio y gritando dijo: Este muchacho ya se va por maricón. Prefiero tener un hijo drogadicto que un maricón.

Cuenta que el sacerdote lo despidió del lugar con amenazas, advirtiéndole que no lo quería ver cerca. Fue cuando empezó a buscar trabajo y encontró un empleo de policía: Saqué adelante a mi mamá. Seguí estudiando, terminé una licenciatura. Ahora soy ateo; de la Iglesia no quiero saber absolutamente nada.

Dice que además de Gutiérrez Farías, los menores internos tenían que defenderse del grupo de seminaristas y sacerdotes que le ayudaban al cura, porque también abusaban: Uno de ellos me tocó y me propuso algo más fuerte a cambio de favores. Tenía miedo. También el padre Agustín me invitaba a su cuarto. Hace poco lo vi en una disco gay con un chavito. Él ahora oficia en Irapuato, en el templo de María.

Suspira y dice que el padre Pedro debe ser procesado por sus delitos: “Él se dice representante de Dios, pero yo nunca sentí el amor de ese Dios que pregonan. Lo que allí ocurría no era un caso aislado, era generalizado. Esto ya tiene décadas. ¡Ya era hora que se supiera! Espero que se haga justicia por todos y que no suceda como con mamá Rosa, a quien no encarcelaron por su edad y no hubo culpables”.

Falso apostolado

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Hace 14 años, Adal Gallegos llegó al albergue para hacer apostolado. Dice que en ese entonces era seminarista: Ahí conocí a Pedro, ya no me refiero a él como clérigo, por todas las injusticias que ha cometido. El primer día vi los dormitorios sucios, los alimentos echados a perder, la cocina era una porquería, había despensas que tenían años… todo estaba descompuesto. Pensé, ¿cómo pueden vivir así?.

El padre Pedro dio la bienvenida a los seminaristas: “Ustedes son nuevos en esto, por tanto todo lo que escuchen y vean, cállense. Aquí no pasa nada.

Esto lo dijo porque yo inmediatamente le pregunté qué hacia con los donativos. Allí entraba mucho dinero, toda la despensa buena no sé adónde se la llevaban. Allí nada más dejaban lo que ya no servía.

Cuenta que luego se fue dando cuenta de los abusos: “Pedro metía a su habitación a los más caritas, para manosearlos y abusar de ellos. Siempre tuvo sus favoritos. Los niños me contaban que los tocaba y se excitaba. Agustín, un sacerdote homosexual, también tocaba sus partes a los muchachos y les decía ‘qué sabroso estás’. Yo le dije que eso no era adecuado, pero me ordenó que no me metiera”.

Añade: Yo no estaba de acuerdo en nada, porque a los niños les pegaban horrible con una tabla en las pompas o en las piernas. Nos dábamos cuenta que desaparecían a las muchachas y que daban bebés en adopción.

Finalmente Adal decidió salir del lugar y del seminario: La Iglesia está tan dañada y tan manchada que mejor me salí. Me alejé de todo. Todo mundo sabía lo que allí pasaba. No se puede seguir ocultando el sol con un dedo. ¡Por fin le van a poner un alto! Espero que lo detengan, que se le caiga la protección, lo encarcelen junto a sus cómplices.

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