Otro cura pederasta protegido y “prófugo”

A pesar de las denuncias, dice que el padre Meño sólo tuvo conducta inadecuada

Exigen enjuiciar a obispo de Piedras Negras por encubrir a cura pederasta

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El sacerdote Juan Manuel Riojas se encuentra prófugo de la justiciaFoto Sanjuana Martínez

Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 2 de abril de 2017, p. 13
Monterrey, NL.

Miembros de la jerarquía católica mexicana siguen utilizando los mismos métodos de protección, silencio y encubrimiento en favor de sacerdotes pederastas, a pesar de las nuevas directrices en la materia emitidas por el papa Francisco.

Así ha quedado de manifiesto en el caso del rector del seminario de Piedras Negras, Coahuila, Juan Manuel Riojas, mejor conocido como el padre Meño, acusado de abusar de los seminaristas y de ser protegido por el obispo Alonso Gerardo Garza Treviño.

La historia de este sacerdote se remonta a 20 años atrás, cuando empezó a ser denunciado por abuso sexual y fue removido por su obispo a varias parroquias y finalmente nombrado rector del seminario de Piedras Negras.

José, nombre utilizado para proteger la identidad de la primera víctima que lo denunció, envió el 17 de diciembre del año pasado una carta al nuncio apostólico en México, Franco Coppola, donde le relata lo sucedido.

El seminarista, de 15 años, cuenta que además denunció la conducta delictiva del cura pederasta al obispo Garza Treviño, quien le dijo que el rector del seminario era 99 por ciento bueno y sólo uno por ciento malo, y que por tanto olvidara lo ocurrido y no se lo contara a nadie.

José padeció todo tipo de abusos sexuales en el seminario de Piedras Negras, y al continuar sus estudios en el seminario de Monterrey, donde le aplicaron las pruebas de su vocación sacerdotal, sintió la necesidad de contar lo que vivió y sus maestros lo animaron a denunciar al sacerdote pederasta, quien además abusaba de otros niños.

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Fue así como envió una carta al obispo Garza Treviño fechada el 17 de diciembre para denunciar los abusos y luego se reunió con él el 20 de diciembre, en la parroquia de San Pedro Apóstol, ubicada en Allende, Nuevo León.

En ese encuentro, el obispo Garza Treviño aseguró que iniciaría un procedimiento contra el sacerdote, siempre y cuando el seminarista prometiera no contárselo a nadie. Dos semanas después le llamó para decirle que el sacerdote reconoció los abusos sexuales y prometió que el cura pederasta sería expulsado de la diócesis.

Sin embargo, el obispo Garza Treviño sólo transfirió al sacerdote pederasta del seminario al Santuario de Guadalupe y lo nombró vicario general.

Para el ex sacerdote Alberto Athié, activista por los derechos humanos y defensor de las víctimas de pederastia clerical, nada ha cambiado en el modus operandi de la jerarquía católica en cuanto a la protección y encubrimiento de los sacerdotes agresores sexuales, por lo cual el obispo también debe ser denunciado y enjuiciado.

No hemos avanzado absolutamente nada. Aquí estamos ante un doble delito que se debe perseguir: uno, el de los actos del sacerdote agresor, que constituyen abuso sexual agravado, es decir, pederastia, y otro es el encubrimiento con conocimiento de causa del obispo Alonso Gerardo Garza Treviño.

Abusos conocidos

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Ante la inacción de la arquidiócesis de Piedras Negras, la primera víctima que se atrevió a denunciar al padre Meño finalmente decidió interponer una querella ante el Ministerio Público de esa ciudad coahuilense.

El joven, que actualmente tiene 18 años, pero cuando sucedieron los abusos tenía 15, reveló en declaraciones a la emisora La Rancherita del Aire, de Piedras Negras, que el sacerdote mostraba preferencia por él y por otro compañero: “La primera ocasión el padre Meño me pidió que me sentara en sus piernas, la segunda me quitó la ropa, me acostó boca abajo en la cama y se puso arriba de mí, de la tercera ocasión prefiero no dar detalles porque es la más difícil para mí”.

Un ex seminarista, cuyo nombre también se omite para proteger su identidad, declaró a la misma emisora que fue víctima del padre Meño y que había muchas más víctimas durante la época en que cursó el seminario entre 1999 y 2001: “Me obligó a hacerle sexo oral. Fue entre 11 y 12 de la noche en la orilla de la acequia del seminario… Sé que existen más víctimas. No puedo hablar por ellas ni puedo decir sus nombres… Pero si ven el perfil de José, mi perfil y el de los demás, va a darse cuenta la sociedad cómo le gustan”.

El joven ex seminarista que se reunió también con el obispo Garza Treviño para notificarle de los hechos anunció que se unirá a la denuncia penal contra el sacerdote, ya que los abusos ocurrieron cuando él era menor de edad y finalmente decidió abandonar el seminario porque los ataques le afectaron tanto que finalmente provocaron su actual definición sexual.

El obispo de Piedras Negras ha declarado que notificó el caso del padre Meño al Vaticano e interpuso una denuncia ante el Ministerio Público por atentados al pudor, pero el sacerdote está prófugo de la justicia, su paradero es desconocido y solicitó un amparo ante el juzgado tercero de distrito.

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Ante el escándalo, finalmente el obispo emitió un comunicado donde señala que de todos es conocida la situación, y dice que las publicaciones en algunos medios de comunicación y redes sociales sobre el caso del sacerdote pederasta son informaciones falsas, tergiversadas y con mala intención.

Sobre las imputaciones contra el cura refiere que las mismas fueron por conducta inadecuada. No se refiere a los abusos como un delito: El hecho real es éste: recibí una denuncia contra un sacerdote, por conducta inadecuada. Cumpliendo con mi obligación, he enviado a la Santa Sede la información debida para que se realice el debido proceso y también he notificado a la autoridad civil sobre esa misma denuncia, para que investigue y actúe conforme a la ley.

A los seminaristas y sus familias pidió confianza y se comprometió a cuidar con más diligencia el camino vocacional a pesar de los vientos en contra. Se refirió a los delitos de pederastia como una dolorosa situación, sin mencionar que se trata de delitos del fuero penal: A las personas que han sido afectadas directa o indirectamente por tan dolorosa situación, les pido perdón de corazón, y ofrezco la ayuda que un servidor y la diócesis puedan brindarles, rogando a Dios sea él su refugio y fortaleza.

Mismo modus operandi

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Ante una avalancha de denuncias, la diócesis de Piedras Negras ha contratado al abogado Heriberto Guevara. La Procuraduría General de Justicia de Coahuila realizó un cateo en las instalaciones del seminario de Piedras Negras, como parte de las investigaciones.

Para Alberto Athié, la responsabilidad del obispo Garza Treviño está muy clara, ya que cometió el delito de encubrimiento. El obispo es también responsable del delito, porque él, con conocimiento de causa, envió a este sacerdote al seminario para que allí continuara con su conducta delictiva, y a pesar de ser notificado de los abusos lo dejó seguir actuando.

Añade: si hay antecedentes de que contra el sacerdote había denuncias, eso quiere decir que el obispo con conocimiento de causa envió a un cura pederasta al seminario, que es un espacio donde existen niños en condiciones de vulnerabilidad porque se encuentran encerrados lejos de sus padres y bajo el control de la autoridad del rector.

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Explica que el sacerdote Juan Manuel Riojas cometió un delito canónico grave contra el sexto mandamiento: aprovechó el nombramiento que tenía como rector del seminario para abusar de niños. Y notificó a la autoridad civil por una conducta inadecuada, que no es otra cosa que abuso sexual agravado en contra de menores, que es el delito de pederastia tal cual.

Sobre el comunicado del obispo Garza Treviño señala que es sólo “control de daños. El obispo está cambiando el lenguaje para aminorar la gravedad de la conducta del sacerdote, pero todo indica, por la lectura del comunicado y de los hechos, que este hombre hizo estragos dentro del seminario. Si el obispo dice que cumplió con su doble obligación, es decir, denunciarlo ante la justicia civil y ante el Vaticano, eso quiere decir que no se trata de una ‘conducta inapropiada’, sino de un delito”.

Athié insiste en la responsabilidad del obispo, ya que el encubrimiento es un delito del fuero federal: el artículo 209 bis del Código Federal Penal dice claramente que se comete el acto de encubrimiento cuando se sabe del delito y no se informa a la autoridad correspondiente. El obispo también tenía que haber informado a la Secretaría de Gobernación, algo que está estipulado en la nueva Ley de Asociaciones Religiosas, donde esa dependencia tiene que dar parte a la Procuraduría General de la República del caso.

Sobre la denuncia interpuesta por la diócesis de Piedras Negras ante el Ministerio Público, Athié considera que puede tratarse de una simulación, ya que si el obispo considera que el delito de pederastia es sólo una mala conducta, se trata entonces de una denuncia sin sustento legal.

Es importante animar a las víctimas a que sigan presentando denuncias penales; de esta manera tendrán acceso al expediente y verán si esa denuncia presentada por el obispo es vaga con el fin de que sea desechada.

Alerta sobre la conducta dolosa de la jerarquía católica: el obispo está asesorado por un abogado y se está cubriendo las espaldas diciendo que presentó él mismo una denuncia, como si él se hubiera enterado de algo que no sabía. Él ya tenía conocimiento y es responsable, pero se está queriendo lavar las manos. Por eso también es importante juzgar a los obispos encubridores.

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