Familiares de los ejecutados en Nochixtlán exigen justicia

No hay castigo; al contrario, se protege a los responsables, afirma Esthela Aguilar

Deudos de las víctimas en Nochixtlán siguen esperando justicia; fue crimen de Estado

Si vienen a ofrecerme dinero, les diré que pierdan a un hijo, como nosotros, señala

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Foto: Me arrancaron su cuerpo, pero no su espíritu ni los recuerdos, dice Blanca Esthela Aguilar sobre su hijo Óscar Luna, de quien tiene una foto en la sala de su casa. Foto: Sanjuana Martínez

Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 4 de diciembre de 2016, p. 10
Nochixtlán, Oax.

Todos los días, Blanca Esthela Aguilar habla con su hijo Óscar Luna, de 23 años. Le cuenta las novedades de la familia y el negocio. Pero él no le contesta, aunque siente su presencia. El pasado 19 de junio una bala le quitó la vida: Los federales me arrancaron su cuerpo, pero no su espíritu ni los recuerdos.

Está sentada en la sala de su casa, donde una gran fotografía de su hijo le recuerda la impunidad del llamado operativo Nochixtlán, en el cual la Policía Federal ejecutó a seis civiles durante el desalojo a un bloqueo carretero en apoyo al magisterio y por esos hechos no existe ni siquiera una averiguación previa abierta por ejecuciones extrajudiciales.

Nosotros lo que queremos es justicia por lo que el gobierno mandó a hacer; castigo tanto a los funcionarios del gobierno que lo mandaron a hacer, como a nuestra autoridad en Oaxaca que lo permitió. Ellos son los inmediatos responsables, dice Blanca Esthela Aguilar en entrevista con La Jornada.

Sin poder contener el llanto, dice que le duele que ninguno de los policías implicados ha sido procesado ni mucho menos sentenciado: No hay una sola palabra ni acción que signifique castigo a los culpables. Al contrario, el gobierno ha premiado a los asesinos, cambiándolos de lugar, para protegerlos.

A pesar de que ya pasaron cinco meses de los hechos en este lugar, la Procuraduría General de la República (PGR) no ha imputado a ninguno de los responsables de los homicidios.

El pueblo aún está dolido. Una cosa así no se perdona tan fácil, menos nosotros como padres de un caído. Nos quieren comprar, pero no hay dinero que pague la vida de un hijo. Lo único que queremos es justicia, castigo a los culpables.

Recuerdos de dolor

Aquel 19 de junio, Óscar Luna Aguilar se levantó a las cuatro de la madrugada como todos los días. Colaboraba en el negocio de sus padres, repartiendo plásticos.

Las campanas de la iglesia captaron su atención. Era un llamado de auxilio. Los policías estaban reprimiendo a la población civil y él se ofreció a apoyar a la gente:

Él acudió al llamado de auxilio para apoyar a los demás. Era un joven con valores, desde chiquito le inculcamos el respeto a las demás personas y la defensa de los principios. Fue a ayudar a gente que ni siquiera conocía, dice su madre.

En la refriega y los disparos indiscriminados de elementos de la Policía Federal y de la Policía Estatal de Oaxaca, una bala le perforó el hígado y el tórax. Los vecinos corrieron al hospital más cercano, pero estaba cerrado. Entonces pensaron en llevar a los heridos a la parroquia, donde algunos médicos del lugar prestaban auxilio con mucha dificultad, mientras eran trasladados a una clínica.

Él falleció en el camino. Nos fuimos al mercado y estuvimos unas horas nada más. Luego lo vi nuevamente, pero ya sin vida. ¿Quién se espera una cosa así? Desafortunadamente ya no lo encontré con vida, ya había fallecido. Desde los tres años se iba conmigo al mercado, toda la gente lo quería mucho y se ganó el respeto de mucha gente. Lo vimos en su funeral, porque fue muchísima gente.

Óscar deja una hija de tres años que es su vivo retrato: Se parece mucho a él y pregunta. A sus tres años está consciente de que ya no tiene papá.

Añade: El gobierno nos mutila como padres. Nos quitaron su cuerpo, pero sus recuerdos nunca, sus recuerdos están plasmados en cada rincón de este hogar. La policía está para proteger a los ciudadanos, no para acabar con ellos. Ellos venían a matar con toda la saña del mundo.

Lo que más indigna a Blanca Esthela es la falta de respuesta del gobierno de Enrique Peña Nieto. No hay abierto un proceso que conduzca a una justicia real, dice, y además, el tema de la reparación ni siquiera lo han propuesto.

El gobierno anda ofreciendo dinero, espero que no se atreva con nosotros, porque la dignidad no tiene precio. Si vienen a ofrecerme un cheque, les voy a pedir que mejor ofrezcan a uno de sus hijos. Todos los funcionarios, policías y el mismo presidente Enrique Peña Nieto tienen hijos. A ver, que pierdan un hijo como nosotros.

Añade: Mi hijo hizo lo mejor que pudo, nunca se rindió. Las personas que estuvieron allí tuvieron el valor de enfrentar y dar la cara. Y nos dimos cuenta de que no les valió, al contrario, ellos fueron a ayudar a los demás. Me siento orgullosa de que mi hijo fue solidario a dar la cara por otras personas.

Llorando y llena de indignación, dice que todo indica que el gobierno quiere dar carpetazo a este nuevo crimen de Estado cometido por la Policía Federal: Enrique Peña Nieto no ha tenido ni siquiera el valor para dar la cara. Como ser humano, la verdad es que tiene más entrañas un animal que él. Tal vez ya ni sentimientos tiene. Quieren enterrar el caso Nochixtlán. Lo más conveniente para el gobierno es que se olvide lo que pasó, pero no lo vamos a permitir.

Catequista comprometido

Patricia Sánchez padece insomnio y angustia por el asesinato de su hijo de 19 años, Jesús Cadena Sánchez, quien el 19 de junio acudió a la parroquia para atender a los heridos y lo alcanzaron las balas.

Jesús, originario de la zona mixteca, era catequista de la comunidad y apoyaba la lucha de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Mi hijo no merecía morir así. Y lo que veo es que no habrá justicia. No he visto apoyo del gobierno. Lo único que dieron fue para los gastos funerarios. Lo que menos me gusta es que haya tanto abuso. No hay ni un detenido, dicen que ya van a encarcelar a algunos federales. No sé qué esperan.

Añade: Nunca vamos a ver justicia de este gobierno. Nunca vamos a ver tras las rejas a un gobernador, diputado o presidente de la República. Tal es la impunidad y la impotencia de uno mismo al ver a Enrique Peña Nieto tranquilo y como si nada hubiera pasado, cuando éste es un crimen de Estado.

Ese día, su hijo, que era catequista desde hacía tres años, acudió al llamado de auxilio: De mi casa a la iglesia son dos calles. Se escucharon muy clarito las campanas. Estuvieron hablando por micrófono pidiendo el apoyo de la gente del pueblo para que apoyáramos. Yo también fui. Pero ya no lo encontré.

Mamá estoy bien, nada más tengo un rozón, le dijo cuando le llamó por teléfono. Luego fue a buscarlo y se encontró con la terrible noticia: Me dijo que estaba en el panteón, pero que se había salido porque los policías estaban tirando balazos, agarrando a todos. Y me dijo que como pudo se brincó. En realidad, el rozón que tenía en el abdomen fue la bala que le salió por la nalga y finalmente lo mató. Desgraciadamente ni una hora pasó cuando me avisaron que mi hijo había fallecido.

Patricia tiene un altar en su casa con la foto de su hijo para rezarle todos los días. Dice que se siente desolada, pero señala que la justicia no será la de los hombres la que finalmente castigue a los policías responsables de los seis homicidios.

No les deseo nada malo porque yo sé que aquí en la tierra serán impunes y no vamos a tener justicia. Yo tampoco me voy a convertir en una asesina igual que ellos. El que les va aplicar la justicia es el de arriba: Dios.

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