Doña Rosario, a sus 90 años igual de aguerrida

Me gustaría ser recordada como la orgullosa madre del guerrillero Jesús Piedra

La desaparición forzada, una práctica sistemática del Estado: Rosario Ibarra

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Foto: Rosario Ibarra de Piedra, incansable luchadora social. Foto Sanjuana Martínez

Sanjuana Martínez
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 4 de junio de 2017, p. 11
Monterrey, NL.

Rosario Ibarra de Piedra está sentada en una banca frente a la casa donde ha vivido los pasados 63 años. La acompaña Concha, su perra, y como todos los días, invertirá su tiempo en disfrutar a sus hijos y sus siete nietos.

En la serenidad de sus 90 años, la mirada de doña Rosario tiene no solamente sabiduría, sino también el recuento de la memoria histórica de México. Los pliegues de sus manos son la extensión de los caminos de la lucha social. Y su aguerrida voz es el grito de las miles de víctimas de desaparición forzada.

Desde que en 1977 fundó el Comité Eureka, que reúne a familiares de desaparecidos durante los sexenios de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, ella es referente de las madres de las víctimas y de los activistas más comprometidos. Su congruencia y fortaleza les ha guiado por los oscuros caminos de la búsqueda de la verdad, la justicia y la libertad.

Doña Rosario ha cambiado sus rizos oscuros por su natural melena plateada. Sonríe, habla poco, pero recuerda mucho, sobre todo anécdotas de su infancia en Chihuahua, junto a su padre, el ingeniero agrónomo Valdemar Ibarra, militar en la Revolución Mexicana y trabajador de la reforma agraria del presidente Lázaro Cárdenas del Río.

La candidata al Premio Nobel de la Paz en cuatro ocasiones está rodeada del cuidado amoroso de sus hijos Carlos, Rosario y Claudia, pero todos los días, sin excepción, piensa en su hijo ausente. Jesús sigue iluminando la esperanza de su vida, sigue siendo su brújula, su rosa de los vientos. Y hasta el último suspiro, dice, seguirá buscándolo.

Mi horizonte es mi hijo Jesús; lo contemplo extasiada a toda hora, todos los días. Me río con su sonrisa infantil y acaricio su cara detrás del vidrio (de su fotografía) y lo beso, cuando lo levanto con mis manos y lo siento en mi pecho antes de dormir, dice en entrevista con La Jornada.

Su último viaje a la selva Lacandona en apoyo a los zapatistas le provocó una deshidratación y como consecuencia empezó a perder visión en un ojo. La alta presión fue una alerta y el médico le aconsejó dejar a un lado el trabajo y relajarse, vivir tranquila, sin alterarse. Es tiempo de descansar. Aunque ella dice que nunca dejará de combatir, de luchar por encontrar a su hijo y a los desaparecidos.

“A pesar de que ‘la biología no perdona’, como decía un amigo de mi marido en referencia a los achaques por la edad avanzada, afortunadamente, no tengo ninguna enfermedad aguda o grave, salvo la presión que se eleva, a la par que mi ánimo, para seguir lo que me quede de vida buscando a mi hijo Jesús y a todos nuestros desaparecidos, exigiendo la justicia que nos fue negada y el castigo de todos los culpables”.

Terrorismo de Estado

–¿Alguna vez imaginó que esos 600 desaparecidos de la guerra sucia aumentarían hasta más de 30 mil, según cifras oficiales?

–Las familias de los desaparecidos políticos del Comité Eureka siempre supimos que el responsable de la desaparición de nuestros hijos y familiares fue el gobierno de México, y después de ver tantas veces la simulación y la hipocresía con que éramos tratadas, de no recibir respuesta alguna y de que sexenio tras sexenio el número de desaparecidos iba en aumento, nos quedó muy claro que la desaparición forzada era una práctica sistemática, una política del Estado mexicano y que la brigada blanca, el Ejército, la Marina y la Dirección Federal de Seguridad y todos los elementos que participaban en una detención-desaparición eran parte de de un aparato represivo formado ex profeso para cometer este crimen.

Añade: “Vislumbramos entonces lo que podía ser en un futuro el crimen de la desaparición forzada si no lo deteníamos. Siempre lo dijimos, sólo la acción de los pueblos va a erradicar esta terrible y abominable práctica. Hicimos llamados hasta el cansancio a las organizaciones y al pueblo de México a organizarse sólo para eso. Pero como no era una demanda de todos porque los desaparecidos nuestros eran de la guerrilla y se pensaba que la lucha por su libertad era de sus familiares y de las organizaciones políticas, continuamos nuestra lucha, pero siempre anhelando que nuestro grito de batalla ‘¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!’ retumbara por todos los rincones de México, y hoy después de más de 40 años se escucha esta consigna por todo el país y en muchos partes del mundo, pero desgraciadamente no es sólo porque se hizo conciencia en los pueblos, sino porque el número de desapariciones llegó a miles. Y ahora también el aparato represivo que comete las desapariciones y los asesinatos ha ido creciendo y perfeccionándose. Las fuerzas armadas, los cuarteles, campos militares y bases navales siempre han sido parte fundamental de éste”.

–¿A qué atribuye que la figura del desaparecido se haya extendido tanto durante los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto?

–La desaparición forzada es también una forma de terrorismo, y en este caso es terrorismo de Estado, que lo han utilizado para control social. Los familiares ignoraban que los responsables de la desaparición de los suyos en estos sexenios es el gobierno, y aquellos que lo saben a veces guardan la esperanza de que alguien dentro del aparato de justicia en este país los escuche.

“El gobierno sembró la duda en la población para paralizarla y desviar su atención del saqueo que está haciendo y la imposición de leyes y reformas que terminaran por ahogar a los ciudadanos. La política económica, la corrupción, la entrega del territorio, en fin todas las afrentas, todas las ofensas que el pueblo está recibiendo o va a recibir, suponían brotes de inconformidad y protestas, y para un mejor control había que inventar un enemigo que a la vez sirviera de responsable de las desapariciones y de los crímenes que cometería el mismo Estado y así surgió la guerra al crimen organizado.”

Criminales de lesa humanidad

–Como usted sabe, el gobierno no ha hecho frente a esta enorme tragedia humanitaria: no hay aún un banco nacional de datos, no hay apertura de fosas clandestinas, no hay búsqueda oficial de los desaparecidos… ¿Qué nos espera al no haber afrontado debidamente este delito de lesa humanidad?

–Nosotros nunca hemos dado a nuestros familiares por muertos. Nunca buscamos sus cadáveres. Nunca dimos muestras de ADN. El gobierno siempre buscó eso porque el asesinato sí prescribe, pero la desaparición forzada no. Si no aparece la persona desaparecida, el delito continúa, es decir, que la desaparición de mi hijo Jesús aunque se haya cometido hace tantos años es como si se estuviera cometiendo en este momento y los responsables pueden ser juzgados en cualquier época, porque es un crimen contra la humanidad. No puedo decir qué va a pasar. No puedo saber qué nos espera. Lo único que sé es que los gobiernos de México durante más de cuatro décadas y todos los responsables de la impartición de justicia a lo largo de estos años que no han actuado como es debido son también culpables y deberán ser juzgados por tribunales internacionales como lo que son: criminales de lesa humanidad.

–Usted es un referente en la búsqueda de los desaparecidos, ahora hay miles y miles de mujeres que buscan a sus hijos como usted. ¿Qué les diría en su incansable lucha?

–Qué les puedo decir que no sepan o que no sientan. El dolor y la angustia que deben de sentir, ese sollozo atragantado es el mismo, aunque en algunas terriblemente multiplicado por la desaparición de varios de sus hijos. Como lo he dicho siempre, todos los familiares de los desaparecidos somos hermanos del mismo dolor, pero sobre todo de la misma lucha por la libertad y contra la injusticia. Les digo: no cejen en su búsqueda, descansen, solamente para agarrar más fuerza para seguir su búsqueda y no soslayen lo que su instinto de madres les indique que deban hacer.

–¿En el recuento de su vida, qué balance hace, ¿se arrepiente de algo o se siente plenamente satisfecha de su labor?

–Sé que hice todo lo más que pude, mas no todo lo que hubiera querido hacer. Puse todo mi empeño, mi esfuerzo, mi voluntad y mi pasión.

–En el ámbito político, México se encuentra en una enorme crisis institucional, de corrupción, derechos humanos; crisis económica con reformas que no han beneficiado a los ciudadanos… ¿Cómo califica el sexenio de Enrique Peña Nieto?

–Ya la sociedad lo calificó y lo reprobó. Debería ser expulsado. Pero a estas alturas mi opinión sale sobrando.

Doña Rosario, la primera candidata a la Presidencia de la República hace muchos corajes por el mugrero electoral y por las noticias de corrupción e impunidad que cubren a la clase política mexicana. Hace años decidió ofrecerle su apoyo a Andrés Manuel López Obrador, presidente de Morena, y convertirse en su asesora, e incluso en 2012 propuso a su hija Rosario como enlace en Nuevo León.

Su hija ríe y añade: A ella le tocó vivir las dos veces que le robaron el triunfo a Andrés Manuel y fue quien le puso la banda presidencial en 2006. Ojalá que en 2018 respeten la decisión del pueblo y mi mamá alcance a ver el triunfo de López Obrador.

Doña Rosario interviene: “Yo sólo espero que el pueblo de México sea el que decida el gobierno que quiere.

–Una pregunta que es inevitable desde el punto de vista filosófico sobre el final de su extraordinaria vida, doña Rosario. ¿Piensa usted en la muerte? ¿Cómo se prepara uno para esa transición? ¿Y cómo le gustaría ser recordada?

–Para serte sincera, aunque esté más para allá que para acá, no pienso mucho en eso, porque como decía mi abuela Adelaida. no hay que ponerse en el tocadero y a lo mejor si lo piensas mucho te vas más rápido. Y en cuanto a cómo me gustaría ser recordada, pienso que como Rosario Ibarra, orgullosa madre del guerrillero Jesús Piedra Ibarra.

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